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¿Conocés la mágica historia del cuarto Rey Mago?

Artabán era el nombre del cuarto rey que tenía la intención de llevarle a Jesús de regalo un cargamento de piedras preciosas. Pero su destino cambió y debió desviar su paso. Llegó 33 años después y conoció a Cristo justo antes de su muerte. No te pierdas una de las historias más hermosas de la religión católica.

¿Alguna vez escucharon hablar del cuarto rey mago? Hay una hermosa leyenda que cuenta la historia de un diamante protector del la Isla de Méroe que también tuvo como intención conocer al niño Jesús recien nacido en Belén de Judá llevandole de regalo un cargamento con piedras preciosas. Pero el destino cambió su ruta. En esta nota que contamos qué sucedió.

Artabán, el rey que dedicó su vida en busca del Redentor

El cuarto rey mago llevaba consigo una gran cantidad de piedras preciosas para ofrecer a Jesús, pero cuando viajaba hacia el punto de reunión encontró en su camino a un anciano enfermo, cansado y sin dinero. Artabán se vio envuelto en un dilema por ayudar a este hombre o continuar su camino para encontrarse con los otros reyes. De quedarse con el anciano, seguro perdería tiempo y los otros reyes le abandonarían. Obedeciendo a su noble corazón, decidió ayudar a aquel anciano.

El tiempo había pasado y en el punto de reunión no encontró más a sus tres compañeros de viaje.

Decidido a cumplir su misión, emprendió un largo camino sin descanso hasta Belén para adorar al niño, pero al llegar, Jesús había nacido y José y María estaban rumbo a Egipto, escapando a la matanza ordenada por Herodes.

Artabán emprendió entonces un viaje en el que, por donde quiera que pasaba, la gente pedía su auxilio, y él, atendiendo siempre a su noble corazón, ayudaba sin detenerse a pensar que el obsequio de piedras preciosas que cargaba, poco a poco se reducía sin remedio. En su andar, Artabán se preguntaba: ¿Qué podía hacer si la gente le suplicaba por ayuda? ¿Cómo podría negarle ayuda a quien la necesitaba?

Así pasaron los años y en su larga tarea por encontrar a Jesús ayudaba a toda la gente que se lo solicitaba.

Treinta y tres años después el viejo y cansado Artabán llegó por fin a donde los rumores le habían llevado en su larga búsqueda por Jesús. La gente se reunía en torno al monte Gólgota para ver la crucifixión de un hombre que, decían, era el Mesías enviado por Dios para salvar las almas de los hombres. Artabán no tenía duda en su corazón, aquel hombre era quién había estado buscando durante todos esos años.

Con un rubí en su bolsa y dispuesto a entregarla joya pese a cualquier cosa, Artabán encaminó sus pasos hacia aquel monte, sin embargo, justo frente a él apareció una mujer que era llevada a la fuerza para ser vendida como esclava para pagar las deudas de su padre. Artabán la liberó a cambio de la última piedra que le quedaba de su basto tesoro.

Triste y desconsolado, nuestro cuarto rey mago se sentó junto al pórtico de una casa vieja. En aquel momento, la tierra tembló de forma brusca y una enorme piedra golpeo la cabeza de Artabán. El temblor aquel anunciaba la muerte de Jesús en la Cruz.

Moribundo y con sus últimas fuerzas, el cuarto rey imploró perdón por no haber podido cumplir con su misión de adorar al Mesías. En ese momento, la voz de Jesús se escuchó con fuerza: Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste. Artabán, agotado, preguntó: ¿Cuándo hice yo esas cosas? Y justo en el momento en que moría, la voz de Jesús le dijo: Todo lo que hiciste por los demás, lo has hecho por mí, pero hoy estarás conmigo en el reino de los cielos.

Imagen

ARTABÁN EL CUARTO REY MAGO
(Que nunca llegó )

Quedó en el olvido su huella
de un cuarto Mago Artabán,
perdió el rastro de la estrella
un Rey que no olvidarán!

Quedó en el olvido su huella...
Del Rey Artabán, amigo,
la luz de una centella,
del buen Rey fue su testigo.

Obras buenas del camino,
de un cuarto Mago Artabán
le cambiaron su destino,
cuando a Dios Niño adoraban

De Artabán su alma por bella,
sacrificó, el fiel anhelo
perdió el rastro de la estrella
de Belén brillo del cielo!

Ese Rey nunca llegó
más sus obras quedarán,
con su ejemplo Él legó
un Rey que no olvidarán!

Cristina Oliveira Chavez

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