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El Divino Niño Jesús en Garabandal

Las Apariciones de la Santísima Virgen María en San Sebastián de Garabandal

Capítulo 260

El divino Niño Jesús

La Virgen vino, en muchas ocasiones, con el Niño Jesús.

El divino Niño Jesús.

Conchita dice en su diario:

«la Virgen, algunas veces trae el Niño en los brazos, muy chiquitín, como un nene recién nacido. Una carita redonda, parece el color como la Virgen, una boquita pequeña, un pelín un poco largo, rizoso; maninas pequeñas, un vestido como una túnica color azul cielo».

Del lunes día 3 de Julio de 1961, segundo día de ver a la Virgen, dice Conchita en su diario:

Según llegamos al cuadro se nos apareció la Virgen con el Niño Jesús pero no venían los Angeles y Ella venía muy sonriente y el Niño también.

Nosotras, lo primero que la dijimos fue:

-- ¿Donde está San Miguel y el otro Ángel?.

Ella se sonreía más, y la gente y padres que había nos daban objetos para que se los diésemos a besar y Ella lo besaba todo. A nosotras, como nos gustaba hacerle fiestas al Niño Jesús, cogimos piedras; yo las metía en las trenzas, Loli en las mangas y Jacinta se las daba a Él, pero no las cogía, se sonreía aun más. Mari Cruz le decía:

-- Yo, si quieres, te doy caramelos, que me los trajeron a mi hoy, y si te vienes conmigo te los doy.

Él no decía nada y Ella nos hablaba mucho pero no nos dejó decirlo. Empezó la aparición a las siete y media y terminó a las ocho. Cuando ya nos decía:

-- Con Dios os quedáis y conmigo también.

A nosotras nos daba pena y la decíamos: ¡adiós!. Por último nos dijo:

-- Mañana me veréis también.

Ansiedad de las niñas por tener el Niño en brazos.

D. Manuel Antón, párroco de San Claudio, León, estaba un día en los pinos y nos cuenta con detalle lo que sucedió a Jacinta y Loli. Este día, Conchita estaba en Santander:

A la tercera o cuarta avemaría del primer misterio, a la niña que dirigía el rezo se le cayó el rosario de la mano, y las dos lanzaron al unísono un ¡Ay! apagado, quedando de golpe en la actitud extática que tantos conocen.

Empezó entonces algo cuya belleza y emoción no hay manera de reflejar en palabras, ni aún logrando las mejores descripciones. Se veía clarísimamente que estaban en animada conversación con la Virgen.

Sin dejar de mirar hacia arriba, trazaban a veces con la mano circulitos, crucecitas y otros signos o figuras en el suelo; allí ponían los objetos que antes, o después, levantaban en sus manos dándolos a besar a la Virgen.

Yo no logré captar lo que decían, pero sí capté lo que empezaron a decir luego:

-- "¡Bájale... Bájale...!"

y levantaban los brazos como queriendo recibir algo en ellos. Para mí era evidente que estaban pidiendo a la Virgen que bajara a su altura y les dejara el Niño. ¡Había un anhelo en sus ojos y en su súplica!

Instantes después, dieron la impresión de que ya tenían en sus brazos lo que tanto deseaban, pues fueron bajando la vista e inclinándose suavemente hacia el Niño que parecía pasar de los brazos de una a los de otra. Mientras repetían:

-- ¡Ay, qué hermoso...! ¡Qué precioso...! Pero ¡qué hermoso es...!

Puedo atestiguar que lo decían de un modo que impresionaba. Parecía que en aquellas palabras y en su mirar se les iba el alma, de amor y de gozo. Pude seguir por sus gestos el momento de devolver el Niño a la Madre, etc.

Luego les oí:

-- "¡No te vayas...! ¿Cómo? ¿Tres cuartos de hora ya...?".

Yo no había cronometrado el tiempo; pero allí cerca veo a un sacerdote, luego me enteré de que era el cura de Aguilar de Campoo, y él, mostrándome el reloj, me aseguró que era exactamente el tiempo que llevaban en éxtasis, pues había tenido buen cuidado de mirar la hora al comenzar.

Mari Cruz pide a la Virgen que le traiga el niño:

Lo cuenta Avelina:

Un día, a la salida del Rosario, nevaba y se puso en éxtasis Mari Cruz. Iba a la calleja, su madre iba con ella. Éramos pocas y dice la niña a la Virgen:

-- ¿por qué no me traes el Niño?... que ya hace mucho que no me le traes... ¿me le vas a traer?... anda, tráemele... ¿me le vas a traer mañana?.

Estábamos deseando que llegase el otro día para ver si le traía el Niñín. Pues al otro día le trajo el Niño y decía Mari Cruz a la Virgen:

-- Dámele... anda, dámele un poquitín.

Y la Virgen se lo dio, y la niña lo acunaba llena de felicidad.

Lo pasamos muy bien aquella noche. Siempre con aquella ilusión de ver nosotras y estar con la Virgen. Cuando estaban varias niñas, se pasaban el Niñín unas a otras y también se ponían la corona de la Virgen, todo muy bien, daba gusto verlas.

Dice el Brigada D. Juan Álvarez Seco:

He visto un día cómo Jacinta, cerca de la fuente del Indiano, estando extasiada, no hacía más que pedir a la Virgen la dejara el Niño Jesús.

Por lo visto, la Virgen le decía:

-- No, que lo vas a caer.

Contestaba Jacinta a la Visión:

-- No, no lo caeré.

Al parecer cede la Virgen en dejarle el Niño, y marcha extasiada por las calles de Garabandal con las dos palmas de la mano hacia arriba, bastante juntas, como si el Niño fuera muy pequeño. Recuerdo que lo paseaba con un cuidado como para no caerlo, como se lo había prometido a la Virgen.

Al final del éxtasis dice Jacinta:

-- Toma, ¿ves cómo no lo he caído?.

Se ve a Jacinta elevar las manos en ademán de entregar el Niño a la Virgen.

Besos de despedida.

Fue el día 16 de Julio de 1962, fiesta de la Virgen del Carmen. Lo cuenta Don Luis Navas, abogado y cursillista de cristiandad:

Es una escena conmovedora, que llega a lo más hondo del corazón, cuando estas niñas, con sonrisas angelicales, totalmente transfiguradas por una radiante belleza, irguiéndose levemente de puntillas, ofrecen sus dos mejillas al beso de la Santísima Virgen; y después de esto, alternándose, una levanta a la otra en brazos sin esfuerzo alguno, para llegar hasta la Virgen, y nuevamente besar y ser besadas.

Un suceso muy importante sucedió el 13 de noviembre de 1965, cuando el Niño Jesús tocó con sus manos la Cruz de Conchita, confirmando así la promesa de su Madre sobre los Besos que Ella dio. Lo escribió Conchita así:

La Virgen me ha dicho:

-- Conchita, no vengo solo por ti, sino que vengo por todos mis hijos, con el deseo de acercarlos a Nuestros Corazones.

Y me ha pedido:

-- Dame, para que pueda besar todo lo que traes.

Y se lo he dado. Llevaba conmigo una Cruz y la ha besado, y después me ha dicho:

-- Pásala por las manos del Niño Jesús.

Y yo lo he hecho y El no ha dicho nada. Yo le he dicho:

-- Esta Cruz la llevaré conmigo al convento.

Pero no me ha dicho nada. Después de besarlos me ha dicho:

-- Mi Hijo, por medio de este beso que yo he dado aquí, hará prodigios, repártelos a los demás.

Claro, yo así lo haré. Después de esto me ha pedido le diga las peticiones para los demás, que me habían encomendado. Y yo se las he hecho. Y me ha dicho:

-- Dime, Conchita, dime cosas de mi hijos, a todos los tengo bajo mi manto.

Yo le he dicho:

-- Es muy pequeño, no cabemos todos.

Ella se ha sonreído.

-- ¿Sabes, Conchita, por qué no he venido yo el 18 de Junio a darte el Mensaje para el mundo? Porque me daba pena decíroslo yo, pero os lo tengo que decir para bien vuestro y gloria de Dios si lo cumplís. Os quiero mucho y deseo vuestra salvación para reuniros en torno del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¿Verdad, Conchita, que tú me responderás?.

Y yo le he dicho:

-- Si estuviese siempre viéndote, sí; pero si no, no lo se, porque soy muy mala.

-- Tú pon de tu parte todo y Nosotros te ayudaremos, como también a mis hijas, Loli, Jacinta y Mari Cruz.

También me dijo:

-- Será la última vez que me veas aquí, pero estaré siempre contigo y con todos mis hijos.

A. M. D. G.

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